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Percepción de Factores Familiares de Riesgo de Maltrato Infantil en Niños y Adolescentes en Riesgo Social de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz

Perception of Risk Factors Family Child Abuse in Children and Adolescents at Social Risk in La Paz, El Alto, Cochabamba and   Santa Cruz

Bismarck Pinto* y Marcela Losantos**


RESUMEN


Se describe la relación entre la percepción de los factores familiares de riesgo de maltrato infantil y las características sociodemográficas de una población de niños y adolescentes en las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. La población está compuesta por niños y adolescentes en alto riesgo social. Se utiliza para ello el EPMI (Escala de Percepción del Maltrato Infantil) que mide la percepción de la población referente a los factores de comunicación familiar, demostración de afecto, resolución de conflictos familiares, respeto de derechos, signos de maltrato infantil y creencias que perpetúan el maltrato. Se puede concluir que existe una relación entre la percepción de factores familiares de riesgo de maltrato infantil y las variables sociodemográficas de los participantes. Ello demuestra que el fenómeno del maltrato infantil está íntimamente vinculado con la cultura y la sociedad de un determinado grupo.


Palabras claves: factores de riesgo, percepción de maltrato infantil, variables sociodemográfícas.



Abstract
The research describes the relationship between perception of family risk factors of child abuse and sociodemographic characteristics of a population of children and adolescents in the cities of La Paz, El Alto, Cochabamba and Santa Cruz. The population consists of children and adolescents at high social risk. The instrument used for this purpose is the SPCA (Scale of Perception of Child Abuse) that measures people's perception regarding the factors of family communication, demonstration of affection, family conflict resolution, respect for rights, signs of child abuse and beliefs that perpetuate abuse. This shows that the phenomenon of child abuse is closely connected with culture and features of a particular group.


Keywords: risk factors, perception of child abuse, sociodemographic variables.


 

Con un nivel de ingreso promedio anual por habitante de 925 dólares americanos (menos de 2.5 dólares americanos en promedio por habitante/ día), Bolivia es el país más pobre de América del Sur. De acuerdo a la Estrategia Boliviana de Reducción de Pobreza (EBRP), el ingreso monetario promedio de los pobres es alrededor de 290 $ por persona al año, aproximadamente 300 $ menos que la línea de pobreza (de 590 $). Por otra parte, alrededor de un tercio de la población se encuentra en condiciones de pobreza crónica, mientras que el siguiente tercio muestra síntomas de deterioro en sus niveles de ingreso o de empleo (Ramírez, 2005).
Además del bajo crecimiento económico y la baja inversión y productividad, la historia de Bolivia está marcada por fuertes desigualdades económicas y sociales: la riqueza del 10 por ciento más rico de la población es 140 veces superior a la del 10 por ciento más pobre y la brecha educacional entre los más ricos y los más pobres es de aproximadamente 8,5 años de educación (frente a aproximadamente 5 años en Venezuela y en Colombia). En un contexto como éste, las diferencias en ingresos, acceso a bienes y servicios públicos y poder político está marcadas por diferencias étnicas, raciales, regionales y de género, o sea, por factores ajenos a las capacidades individuales (Fretes, 2008).   


INTRODUCCIÓN


Las principales carencias que presentan los hogares bolivianos se concentran en la falta de servicios básicos como la disponibilidad de agua potable, alcantarillado y distintos tipos de energía para la vivienda. La falta de atención en salud, el rezago educativo y la presencia de viviendas construidas con materiales inadecuados son elementos que también influyen en los niveles de pobreza (Ramírez, 2005).
Las consecuencias de la pobreza en Bolivia impactan directamente sobre la salud y educación, lo que a la vez conlleva  bajos niveles de productividad que reducen la probabilidad de obtener un puesto de trabajo con una remuneración suficiente para salir del umbral de la pobreza, lo que se constituye finalmente, en un círculo vicioso, denominado círculo de la pobreza (Gonzáles, 2004).

Ahora, si bien es cierto que la pobreza es un problema en sí mismo, también se constituye en un factor predisponente que tiende a reducir la calidad de vida de las familias bolivianas, debido a que su impacto se evidencia en áreas como la salud, educación, productividad  laboral, disfuncionalidad familiar y otros. Dadas las condiciones anteriormente descritas, se puede determinar que la mayoría de las familias bolivianas se encuentran en una situación de alto riesgo social, tipificada por las características de pobreza, marginalidad, bajos niveles educativos y violencia intrafamiliar y maltrato infantil estructural, lo cual deriva en crisis familiares cada vez más frecuentes en las que las unidades familiares tienden a fragmentarse o convertirse en familias disfuncionales (Pinto, 2009).

En este contexto, las condiciones de vida de los niños y adolescentes bolivianos tampoco presentan mejores perspectivas. Según el censo Nacional de Población y Vivienda 2001, en Bolivia existían 3.198.074 niños y adolescentes comprendidos entre 0 y 14 años de edad y actualmente se cuenta con 4 millones. Si a esta cifra se agrega la población entre los 15 y los 19 años, se evidencia una población predominantemente joven: el 49% de la población total es menor de 19 años de edad (I.N.E, 2006). Sin embargo, la mayoría de estos niños nace y crece en un contexto adverso y peligroso que inciden negativamente en su calidad de vida. Se estima que de una población total aproximada de 4 millones, cerca de 2 millones de niños se encuentran en el marco la pobreza, la extrema pobreza y la marginalidad (Moreno, 2006).
Así también el maltrato infantil es un problema que aqueja la sociedad boliviana en números alarmantes. En el nivel nacional, según la Dirección General de la Niñez y Adolescencia, 7 de cada 10 niños son maltratados físicamente en sus hogares y ocho de cada diez en la escuela y en al ámbito laboral (PNUD, 2006). Asimismo, se informa que cotidianamente se producen al menos 100 agresiones y/o abusos sexuales en los ámbitos de la familia, escuela y trabajo. Desagregada esta información, se cuenta con que 3 de cada 100 niños, niñas y adolescentes han sido víctimas de violaciones sexuales y 15 de cada 100 han sido víctimas de acoso sexual. Frente a estas situaciones de maltrato y de violencia sexual, el 25% de los niños, niñas y adolescentes no recurre a nadie para pedir ayuda y el 75% pide ayuda a hermanos y compañeros (Viceministerio de la Juventud, Niñez y Tercera Edad, 2003).   

Toda forma de violencia vulnera los derechos fundamentales establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y la Convención sobre los Derechos del niño (1989). Si bien no es el único espacio, para muchos niños la familia es el lugar donde se enfrentan con mayor frecuencia a formas de violencia física psicológica y sexual, ya sea ejercida directamente contra ellos o en contra de sus madres; la violencia es ejercida por quienes más protección deberían brindarles: los progenitores (UNICEF, 2000).

Se hace entonces evidente la necesidad de profundizar el conocimiento acerca de cómo es que se produce y reproduce el fenómeno del maltrato infantil, siendo éste uno de los mayores desafíos que enfrenta el área social.

Siendo que los niños se encuentran en un ambiente en donde el maltrato es culturalmente aceptado como forma de educación y aún como forma de relación, la presente investigación pretende averiguar la percepción que tienen los niños y adolescentes en  situación de maltrato, de las ciudades troncales de Bolivia, acerca factores de familiares de riesgo en sus familias, intentando develar las diferencias de percepción en relación al género, en relación a la edad, en función a la ciudad de la que provienen y finalmente de acuerdo a su composición familiar.

Asimismo se pretende dotar de un instrumento fiable en las ciudades troncales del país y construido para evaluar la percepción de los niños y adolescentes acerca de la existencia de factores de riesgo de maltrato infantil, como un instrumento más que permita entender, desde la perspectiva de la niñez y adolescencia, el fenómeno del maltrato y las posibles formas de perpetuación del mismo.

MÉTODO


Participantes


La elección de sujetos corresponde a la clasificación de muestra por oportunidad, debido a la facilidad de acceso y porque no se conoce a ciencia cierta el tamaño del universo que permita desprender una muestra al azar (Roth, 2008; en Exeni, 2008). 
Para la presente investigación se utilizó  una muestra de 1286 personas de ambos sexos, 659 varones y 627 mujeres, cuyas edades oscilan entre los 10 y los 14 años de edad, que se encuentran cursando del 5º al 8º grado de primaria de diez escuelas de las ciudades de La Paz, El Alto, Santa Cruz y Cochabamba, que son beneficiarias de la Fundación Alalay.


Materiales y Procedimiento


El instrumento utilizado en esta investigación es la Escala de Percepción de Maltrato Infantil (EPMI), elaborado por la investigadora, de acuerdo a la línea de Investigación de la Fundación Alalay, para detectar la percepción que tienen los niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo social, sobre la existencia de maltrato en su núcleo familiar.
La validación del EPMI fue realizada a partir de la técnica de validación por expertos, en la que solicitó a 4 personas consideradas expertas en el tema de maltrato infantil, que indicaran la correspondencia entre un ítem y la categoría a la que éste correspondía, utilizando para ello la tabla de validación.
A partir de los resultados obtenidos a través de la validación por expertos  se hicieron algunas modificaciones, corrigiendo 5 ítemes del instrumento original (16, 18, 30, 36 y 41), que fueron aquellos en los que se presentaron la mayor cantidad de observaciones. Para el ajuste del vocabulario del instrumento se realizó una aplicación a 20 niños y adolescentes de las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz (5 por ciudad) entre las edades de 10 a 14 años que no fueron parte de la muestra total. De acuerdo a los resultados obtenidos y los comentarios de los niños y adolescentes evaluados, el instrumento cuenta con las características de ser concreto y accesible a la comprensión, por lo que no se realizaron preguntas sobre la forma de responderlo.
Para medir la fiabilidad se utilizó la prueba del Alfa de Cronbach. A partir de ello se obtuvo un  índice de fiabilidad de 0,807; lo que refleja una buena consistencia interna que implica que el instrumento mide la variable que se pretende investigar.
Para su construcción se recopiló información sobre los factores de riesgo de tipo familiar, descritas por las investigaciones de UNICEF (2008).

  • Percepción de la comunicación familiar: Olson (1983) considera que la comunicación es un vehículo a través del cual operan la cohesión y la adaptabilidad familiar. Implica la capacidad de escucha activa, comunicación de sentimientos positivos y negativos y contar con espacios de comunicación.
  • Percepción de la demostración de afecto familiar: de acuerdo a Roizblatt (2006) el clima emocional dentro de la familia depende del tipo y expresión de los sentimientos entre sus componentes. Se refiere principalmente a la capacidad de demostrar afecto a partir de expresiones físicas, expresar perdón cuando se comete un error y posibilidad de espacios lúdicos dentro del ámbito familiar.
  • Percepción de signos de maltrato infantil: la utilización de prácticas violentas como forma de educación, dentro del núcleo familiar, donde la violencia es entendida como la forma en que los niños aprenden las normas (Madanes, 1993), así como el maltrato por abandono y descuido. Ello incluye la presencia de golpes como forma de corrección,  el abandono parcial del niño y  el maltrato psicológico a partir de gritos e insultos.
  • Percepción de resolución de problemas familiares: que los integrantes de la familia tengan la habilidad de comunicarse, negociar las diferencias y adaptarse al estrés (Lederer, 1984). Esto implica la presencia de peleas familiares cuando se presenta un problema, la capacidad de resolver un problema familiar como pareja y como familia, la comunicación de problemas familiares, la capacidad de negociar y llegar a un acuerdo, y la capacidad de tomar decisiones familiares para resolver un problema.
  • Percepción de respeto de derechos infantiles: la idea que tienen los padres sobre los niños, en los hogares en donde es más probable que exista maltrato, es que éstos son seres en desarrollo, para convertirse en seres más productivos o adultos, por lo tanto a dimensión de respeto no se alcanza sino hasta la adultez (Gracia, 2002). Ello implica la percepción del niño sobre la capacidad de los padres de satisfacer sus necesidades, respetar el derecho a la educación, a la salud y a la familia.
  • Creencias que perpetúan el maltrato: esta variable contrasta con las demás, pues no evalúa la percepción que tiene el niño sobre aspectos familiares, sino sus propias creencias sobre la utilización de violencia como forma de educación y disciplina. Esta dimensión incluye las creencias sobre la utilización de la violencia como forma eficaz de educación en los niños, la obediencia a los adultos bajo cualquier circunstancia, la creencia acerca del derecho que tienen los padres a golpear a sus hijos y la creencia sobre conductas provocativas de los niños que justifican el maltrato (UNICEF, 2008).

Procedimiento


Fase 1: Construcción de la Escala de Percepción de Maltrato Infantil (EPMI) a partir de la operacionalización de los factores de riesgo familiar de la violencia.
Fase 2: Validación del EPMI, por un grupo de expertos en la temática de maltrato infantil que evaluaron la validez de los constructos utilizados en la prueba, así como la objetividad de la misma para medir la percepción en niños y adolescentes sobre el maltrato infantil en su núcleo familiar.
Fase 3: Selección de la muestra a partir de las 10 escuelas con las que la Fundación Alalay tiene convenio en las ciudades de la Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz, donde se aplicó la prueba  a todos los estudiantes cursantes del 5° al 8° grado de primaria.
Fase 4: Aplicación de la Escala de Percepción de Maltrato Infantil (EPMI)  a todos los niños, niñas y adolescentes de 10 a 14 años de las escuelas fiscales de convenio, de las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz.
Fase 5: Análisis de resultados y comparación con el fin de establecer la relación entre la percepción de la existencia de maltrato infantil dentro del núcleo familiar y la edad, el género y la ciudad de los participantes. 

RESULTADOS


El presente capítulo exhibe los resultados de la investigación. Los mismos serán analizados, tomando en cuenta el puntaje global de la prueba que refleja la percepción general de los niños, niñas y adolescentes sobre la existencia de factores de riesgo de maltrato infantil dentro de su núcleo familiar, en relación con su edad, el género, la ciudad de la que provienen y los miembros de la familia con los que conviven. 

Gráfico Nº 1. Percepción general de factores de riesgo de maltrato infantil de acuerdo a la ciudad


El gráfico Nº 1 muestra la relación entre la percepción general de factores de riesgo de maltrato infantil en el núcleo familiar y la ciudad a la que pertenecen los sujetos. Se puede determinar que los niños, niñas y adolescentes de la ciudad de El Alto perciben a su familia como en riesgo de maltrato con un 82,4%; como en alto riesgo en un 0,8%  y en  16,7% en situación de riesgo moderado; así también la población de la ciudad de La Paz percibe a su familia como en alto riesgo de maltrato en un 3,9%, mientras que la percepción de riesgo es de 89% y el 7,1% califica a su familia en situación de riesgo moderado,  siendo la ciudad con porcentajes más altos de maltrato.
Con puntajes altos, al igual que la ciudad de El Alto y La Paz se encuentra la ciudad de Santa Cruz donde el porcentaje más alto se encuentra en la categoría de riesgo, con un 81,1%, con un 1,2% en la categoría de alto riesgo y con 17,6% en la categoría de riesgo moderado.
Finalmente, la ciudad de Cochabamba muestra un porcentaje de 78,4% de población que percibe a su familia como en situación de riesgo, mientras que el 2% la percibe en alto riesgo y el 19,6% como riesgo moderado, siendo la ciudad con puntajes más bajos. 

Gráfico Nº 2. Percepción general de factores de riesgo de maltrato infantil de acuerdo a la edad


El gráfico Nº 2 muestra la diferencia de puntajes entre los niños de 10 años y los adolescentes de 14 años, donde los primeros exhiben un 18% en la categoría de alto riesgo, mientras que los segundos demuestran un 13,2% de alto riesgo de ser maltratados. En la categoría de riesgo la diferencia es mínima, donde los niños perciben a sus familias como en situación de riesgo en un porcentaje de 80% mientras que los adolescentes de 14 ostentan un 80,6%. Una última diferencia importante está en la categoría de riesgo moderado, donde los adolescentes de 14 muestran el porcentaje más alto de 6,2% mientras que los niños tienen un porcentaje de 1,1%.

Gráfico Nº 3 Percepción general de factores de riesgo de maltrato infantil de acuerdo a género

El gráfico Nº 3 ostenta la relación entre la percepción de la existencia factores de riesgo de maltrato infantil en el núcleo familiar y el género de los sujetos. No existe una diferencia importante en ninguna de las categorías siendo la diferencia de 5% en la variable de riesgo y 5% en la de alto riesgo. Sin embargo son los varones los que muestran un puntaje más alto en la categoría de riesgo y las mujeres las que puntúan más alto en la categoría de alto riesgo.

Gráfico Nº 4. Percepción general de factores de riesgo de maltrato infantil de acuerdo a composición familiar

El gráfico Nº 4 presenta los datos en relación a la percepción de la existencia factores de riesgo de maltrato infantil de acuerdo a la composición familiar de los participantes. De acuerdo a ello, el porcentaje más alto lo demuestra la categoría de riesgo en el caso de los participantes que viven con sólo con la madre, seguido por aquellos que viven con otros familiares, luego se encuentran aquellos que viven con ambos padres, la figura paterna es la siguiente y finalmente aquellos que viven con hermanos.

En el caso de la categoría de alto riesgo son más bien los que viven con el padre los que presentan el mayor puntaje, seguido por los que viven con ambos padres. Al contrario, los que viven sólo con hermanos son los que presentan menor puntaje en las categorías de riesgo de maltrato y alto riesgo y mayor puntaje en la de riesgo moderado.   


CONCLUSIONES


A partir de los resultados se consideran las siguientes conclusiones más relevantes.

  1. Violencia y pobreza. Las evidencias muestran que las familias de los sectores desfavorecidos en términos socioeconómicos, caracterizados por el insuficiente acceso a recursos materiales y sociales y la insatisfacción de necesidades básicas que ello implica, tienden a tener muchos hijos (Tórrez, 2006). Aún más, en estas familias se tiende a la acumulación de tensiones que llevarán eventualmente a situaciones de conflicto que con mucha frecuencia desembocan en episodios de violencia conyugal o de maltrato contra niños, niñas y adolescentes.
  2. Estas situaciones no sólo son propicias para el surgimiento del maltrato, sino también su generalización, reproducción, su institucionalización, llegando de esta manera a convertirse en un componente permanente de la relación entre los individuos.
  3. Diferencia demográfica. La ciudad de La Paz presenta los puntajes más altos de riesgo en relación a las otras ciudades. Si bien es cierto que la mencionada ciudad presenta patrones más desarrollados que las ciudades de El Alto y Cochabamba, sobre todo, pues de igual forma se ha tendido a agudizar las desigualdades, incrementando así la exclusión de los vastos sectores de la población que han resultado cada vez más empobrecidos.
  4. Siendo que esta investigación tuvo como población a los niños y adolescentes de familias en situación de pobreza y de riesgo social se observa una predisposición a la violencia.
  5. Irrelevancia de edad. Los estudios acerca de las características de los hogares en los que se presenta maltrato infantil relacionan este fenómeno con el número de hijos que tiene la familia, donde las familias con 6 miembros o más son maltratadoras en el 86% de los casos (Caro, 2008). Ahora bien, en las familias en las que existen niños menores a 5 años la incidencia del castigo es menor pero no existe referencia de cambio en aquellas familias con niños o hijos adolescentes.
  6. Este mismo es el hallazgo de la presente investigación, donde la percepción del riesgo de maltrato infantil es muy similar tanto en niños como en adolescentes, siendo en ambos casos de riesgo.
  7. Relevancia de género. Se encuentra una diferencia de género importante en la percepción de factores familiares de riesgo del maltrato infantil, donde las mujeres perciben un mayor riesgo que los varones. Ello puede deberse a que las mujeres perciben con mayor frecuencia el maltrato psicológico, no tan evidente como el físico, que los varones. Este dato se encuentra respaldado por la investigación del ENDSA (2003) en el que el 27% de las niñas sufren maltrato psicológico en contraste con el 23% de los varones.
  8. Relevancia de la composición familiar.  Los resultados son interesantes respecto a que es sobre todo la figura materna la que es percibida como aquella con mayor riesgo de ejercer violencia sobre el niño, niña y adolescente dada las características de mala comunicación, baja capacidad de resolución de problemas y conflictos y  percepción de maltrato moderado.
  9. Además se aprecia que existe menor riesgo de maltrato infantil en los casos en los que los niños están a cargo sólo de sus hermanos. Parece ser que en esta situación, los hermanos mayores, al haber experimentado ciertas condiciones adversas en el hogar, antes de hacerse cargo de sus hermanos, aprendieron formas más asertivas de relacionamiento y disciplina o que no asumieron el rol de autoridad dentro del hogar, por lo que no repiten el mismo rol que los padres.
  10. Diversos estudios sobre la violencia (UNICEF, 2006; Tórrez, 2006; Caro, 2008;  Muñoz, 2003, Moreno, 2006) parecerían sugerir que la violencia doméstica asume un carácter intergeneracional, en el que la madre desempeñaría un papel fundamental como agente de transmisión y reproducción de esa violencia en contra de los niños y adolescentes, independientemente de que ésta reciba violencia por parte del cónyuge en la actualidad.
  11. La violencia es intergeneracional y perpetuada por creencias. Un factor agravante es la tendencia a no visualizar las estrechas interrelaciones entre la violencia intrafamiliar y la violencia social. Existe un proceso de transmisión intergeneracional de la violencia que se gesta en el seno de la familia y contribuye a la reproducción y perpetuación de la conducta violenta en la sociedad entera.
  12. En efecto, debido a las disfunciones de la familia como estructura social básica, cada vez hay una mayor proporción de niños y niñas que están siendo socializados en la violencia en sus propias familias o en espacios que sustituyen a las mismas, tales como la vida forzada en las calles. Estos niños y niñas presentan una alta disposición a reproducir patrones agresivos y violentos en sus futuros hogares, en su vida personal y en sus comunidades, contribuyendo así a elevar los índices de violencia social. Es además crucial manifestar, que a muchos padres les resulta difícil concebir la educación de sus hijos si recurrir a ciertos tipos de castigos, sencillamente porque no los consideran como maltrato (Moreno, 2006).
  13. Así también, las investigaciones demuestran que los individuos violentos provienen generalmente de hogares en donde fueron maltratados cuando niños. De esta forma se revela el fuerte nexo entre la violencia social y el maltrato infantil.

 

Artículo recibido en: 27 de Abril 2011
Manejado por: Editor en Jefe- IICC
Aceptado en: 14 de Junio 2011

ISSN: 2077-2161
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