La obra de Borda pone en juego una interacción, entre autor narrador y protagonista, que traspasa los límites entre ficción y realidad, convirtiendo según, según..., la obra de ficción en realidad, o la realidad en ficción, rompiendo la dualidad que cada uno de ellos implica. No de la misma manera en que este desplazamiento sucede en Niebla, la nívola de Unamuno, ni tampoco como con los personajes de Pirandello que salen en busca de un autor: El Loco simplemente extiende sus dominios, se apropia del narrador y luego del autor y sale a la calle a mirar el mundo, probablemente La Alameda, aquella de los sauces llorones que nunca volveremos a ver más que en fotografías, y que ahora se llama El Prado.
B. W. Vol. I Hacia una Historia Crítica
de la Literatura en Bolivia